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CDMX reforzará seguridad para próximos festejos del Mundial tras muerte de cuatro aficionados

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CDMX reforzará seguridad para próximos festejos del Mundial tras muerte de cuatro aficionados

El Gobierno de la Ciudad de México anunció que fortalecerá los operativos de seguridad, protección civil y atención médica para los próximos festejos del Mundial 2026, luego de que cuatro personas perdieran la vida durante las celebraciones por la victoria de la Selección Mexicana sobre Ecuador.


La jefa de Gobierno, Clara Brugada, hizo un llamado a la afición a disfrutar con responsabilidad y evitar conductas de riesgo, especialmente el consumo excesivo de alcohol. También pidió a quienes asistan a las concentraciones mantenerse atentos a las personas que los acompañan para prevenir incidentes.


Las autoridades capitalinas informaron que tres de las víctimas fallecieron por asfixia y una más perdió la vida en un hospital tras sufrir un paro cardiorrespiratorio. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México ya investiga lo ocurrido para esclarecer las causas y determinar posibles responsabilidades.


De cara al partido entre México e Inglaterra, programado para este domingo, el gobierno capitalino implementará un operativo reforzado en los principales puntos de reunión de aficionados. Según cifras oficiales, cerca de 1.4 millones de personas participaron en los festejos del triunfo ante Ecuador, lo que motivó la revisión y el fortalecimiento de los protocolos de seguridad para los siguientes encuentros.



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IA: ¿nos humaniza o nos animaliza?

16 de agosto de 2026
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Algo que siempre he disfrutado, y espero nunca dejar de hacerlo, es entablar una conversación interesante. Hace unos días tuve una de esas. Justo de las que te suman, te retan y te dejan pensando. —No vas a poder dormir esta noche, padre —me dijo mi amigo antes de despedirnos. La verdad es que dormí como bebé. Pero reconozco que me dejó reflexionando sobre algo que los filósofos han pensado desde hace miles de años: cuanto más sabes, más consciente eres de todo lo que no sabes. Y también de cuánto te gustaría saber sobre este tema, sobre aquel otro y sobre tantos más. Sin embargo, lo que más me dejó pensando después de la conversación con este chaval fue que quizá no puedo saberlo todo, pero sí puedo tener acceso a una cantidad inmensa de información sobre todo aquello que no sé. Y eso es fascinante, pero también asusta.

Durante siglos, el conocimiento humano avanzó despacio. Lo que los grandes pensadores de una época no alcanzaron a saber, lo descubrieron otros mucho tiempo después. La revolución copernicana abrió una puerta que Kepler, Newton y muchos otros siguieron empujando, hasta que Einstein nos obligó a mirar de otra manera algunas cosas que ya parecían bastante claras. Entre una revolución intelectual y otra podían pasar décadas o siglos.

Hoy las cosas son distintas. No porque hayan desaparecido los grandes científicos, filósofos o pensadores, sino porque nunca habíamos tenido un acceso tan rápido a semejante cantidad de información ni una capacidad tan grande para procesarla. De hecho, hoy esa capacidad está al alcance de la mano de un gran porcentaje de la humanidad. La llevamos literalmente en el bolsillo y se llama IA. Hoy es el modelo 1, mañana el modelo 2, luego el 3, el 4 y así sucesivamente, hasta que los robots tomen el control total, jajaja. Es broma. Aunque eso es precisamente lo que me asusta…

Lo cierto es que ya no hablamos solamente de máquinas capaces de almacenar más información de la que una persona podría aprender durante toda su vida. Estamos comenzando a hablar de sistemas capaces de comparar, sintetizar, traducir, explicar, argumentar, escribir y resolver en segundos problemas que a nosotros podrían tomarnos horas, días o incluso años. Y ahí empieza mi problema, porque yo sigo necio en una postura que no quiero abandonar: una cosa es tener acceso al conocimiento y otra muy distinta haberlo hecho tuyo.

Si cada vez que necesitamos una idea tenemos que preguntársela a un chat, corremos el riesgo de confundir el acceso al conocimiento con el conocimiento mismo. Porque, si no recordamos lo aprendido, será mucho más difícil integrarlo, relacionarlo por nosotros mismos con otras realidades y recurrir a ello cuando tengamos que juzgar algo. Entonces empiezan a sufrir nuestra capacidad de relacionar ideas, nuestro discernimiento y nuestro criterio. Y quizá no sabemos tanto como creemos. Simplemente sabemos dónde preguntar. Eso me preocupa. Y a ti, que me estás leyendo, también debería preocuparte.

Porque durante miles de años la educación no consistió solamente en encontrar respuestas. Consistió en formar una mente capaz de pensar, de aprender, de memorizar, de leer, de discutir, de equivocarse, de reconocer el propio error o sesgo, de volver a intentarlo, de escuchar, de contemplar y de sacar sus propias conclusiones. Todo eso iba construyendo poco a poco una inteligencia. Y no solo formaba una inteligencia —capaz de distinguir qué es verdad y qué es mentira—, sino también una voluntad —capaz de decidir qué quiero hacer y qué no— y un corazón —capaz de reconocer a quién quiero amar y de qué me tengo que alejar—.

Somos alma y cuerpo. No como dos realidades separadas, sino unificadas en eso que llamamos persona. Todo lo que vivimos nos afecta y, de alguna manera, nos configura y nos moldea. Las demás personas, las experiencias, las lecturas, las conversaciones, los maestros, los errores, los dolores, las alegrías, las cosas que estudiamos hasta que terminamos por comprenderlas… todo eso fue formando y sigue formando la persona que somos.

Por eso me preocupa que estemos empezando a delegar en las máquinas no solo lo que antes teníamos que recordar, sino también lo que antes teníamos que pensar. Primero dejamos de memorizar teléfonos porque el celular los recordaba por nosotros. Después dejamos de aprender caminos porque Google Maps sabía llegar. Hasta ahí, en buena medida, estábamos delegando memoria. Pero ahora estamos comenzando a delegar algo más delicado: redactar, resumir, comparar, argumentar, imaginar e incluso decidir en función de lo que ChatGPT, Claude o Gemini nos dicen, simplemente porque pueden hacerlo en segundos y porque, también hay que decirlo, nos está dando una pereza tremenda pensar. Y ahí la pregunta se vuelve bastante más seria: ¿qué ocurre con una capacidad cuando dejamos de ejercitarla?

No creo que vayamos a convertirnos literalmente en una generación sin inteligencia, sin cultura o sin corazón. Sería exagerado decirlo. Pero sí temo que podamos convertirnos en una generación que ejercite cada vez menos algunas de las capacidades que nos permiten vivir de una manera más plenamente humana. Porque, al final, lo verdaderamente humano no está en tener todas las respuestas, sino en saber qué hacer con ellas, qué vale la pena elegir y hacia dónde queremos dirigir nuestra vida.

Y aquí aparecen, a mi juicio, dos caminos: que la IA nos ayude a desarrollar todavía más esas capacidades o que termine atrofiándolas; que nos humanice o que, poco a poco, nos animalice. Y con animalizarnos no quiero decir que dejemos de ser humanos, obviamente. Me refiero a vivir cada vez más por el impulso, la comodidad, la gratificación inmediata y la respuesta fácil, ejercitando cada vez menos la razón, la voluntad y la libertad. No quiero ser pesimista, pero por ahora veo más señales de animalización que de humanización.

Tampoco quiero satanizar a la IA. Sería injusto y, además, falso. La inteligencia artificial es una herramienta. Pero probablemente tampoco sea una herramienta completamente neutral, porque las herramientas terminan cambiando al hombre que las utiliza. La escritura cambió nuestra memoria. La imprenta cambió nuestra manera de transmitir las ideas. El automóvil transformó nuestras ciudades. El celular modificó nuestra atención y nuestras relaciones. La IA también nos va a cambiar. La cuestión es hacia dónde.

Bien utilizada, puede convertirse en una de las herramientas más poderosas jamás puestas en manos del hombre. Puede ayudar a diagnosticar enfermedades, acercar una educación de primer nivel a lugares donde nunca habría llegado, acelerar descubrimientos científicos, traducir idiomas, derribar barreras, automatizar trabajos absurdamente mecánicos y devolvernos tiempo para cosas que ninguna máquina puede vivir por nosotros: la familia, la amistad, la contemplación, la oración. Puede ayudarnos incluso a pensar mejor.

Pero también puede hacer exactamente lo contrario. Puede volvernos intelectualmente perezosos, acostumbrarnos a aceptar respuestas sin comprenderlas, atrofiar nuestra capacidad de atención, sustituir poco a poco nuestro criterio y entregar una enorme capacidad de influencia a algoritmos capaces de condicionar qué vemos, qué deseamos, qué compramos, por quién votamos, qué pensamos e incluso qué consideramos verdadero.

El problema, por tanto, no es solamente cuánto podrá hacer la inteligencia artificial. El verdadero problema es qué clase de hombre tendrá esa inteligencia artificial entre las manos. Porque cuanto más poderosa sea la herramienta, más importantes serán la inteligencia, la libertad y el corazón de quien la utiliza. Quizá ahí esté la gran paradoja de todo esto: cuanto más inteligentes sean nuestras máquinas, más urgentemente tendremos que aprender nosotros a ser verdaderamente humanos.

No necesitamos competir con ellas para ver quién acumula más información, quién responde más rápido o quién procesa más datos. Esa batalla ya la perdimos. La nuestra es otra: utilizar la inteligencia artificial sin renunciar al esfuerzo de pensar; aprovechar sus respuestas sin abandonar nuestras preguntas; servirnos de su capacidad sin entregarle nuestro criterio; dejar que nos ayude sin permitir que decida por nosotros. En definitiva, servirnos de ella sin terminar sirviéndola.

Al final, la pregunta no es si la inteligencia artificial será cada vez más inteligente. Lo será. Tampoco si estará cada vez más presente en nuestra vida. Ya lo está. La verdadera pregunta es qué va a pasar con nosotros: si tanta inteligencia a nuestro alcance nos hará más capaces de pensar o más cómodos para dejar de hacerlo; si nos ayudará a elegir mejor o nos acostumbrará a que otros elijan por nosotros; si nos dará más tiempo para vivir o simplemente más tiempo para distraernos; si nos hará más libres o más dependientes. Yo sé que suena fuerte, pero realmente así lo pienso: la verdadera pregunta es si seremos más humanos o más animales.

La IA seguirá avanzando. De eso no tengo dudas. La pregunta es si nosotros avanzaremos con ella.

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Aseguran 2 mil 210 litros de gas LP y equipo de almacenamiento durante cateo en Veracruz
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Aseguran 2 mil 210 litros de gas LP y equipo de almacenamiento durante cateo en Veracruz

15 de agosto de 2026
2 min

Autoridades federales aseguraron aproximadamente 2 mil 210 litros de gas LP durante un cateo realizado en un inmueble ubicado en la colonia Valente Díaz, en el municipio de Veracruz, como parte de una investigación por un posible delito en materia de hidrocarburos.


La diligencia fue encabezada por elementos de la Fiscalía General de la República (FGR), a través de la Policía Federal Ministerial (PFM) y la Agencia de Investigación Criminal (AIC), quienes ejecutaron una orden judicial para intervenir el inmueble señalado. El sitio también quedó bajo resguardo de las autoridades como parte de las acciones derivadas de la investigación.


Además del combustible, durante el operativo fueron localizados y asegurados diversos equipos presuntamente utilizados para el almacenamiento y despacho de gas LP. Entre lo decomisado se encuentra un tanque de almacenamiento, dos mangueras de alta presión, una válvula metálica y una bomba para despacho.


La orden de cateo fue autorizada por un juez de Distrito especializado en el Sistema Penal Acusatorio de Veracruz, ante la posible comisión de un delito contemplado en la Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos Cometidos en Materia de Hidrocarburos. La diligencia estuvo a cargo de un agente del Ministerio Público Federal de la Fiscalía Especializada de Control Regional (FECOR).


En las acciones participaron elementos de la PFM, peritos del Centro Federal Pericial Forense y especialistas de Petróleos Mexicanos, mientras que el perímetro fue resguardado por personal de la Secretaría de la Defensa Nacional, Secretaría de Marina, Guardia Nacional y Policía Estatal, además de elementos de Protección Civil y Seguridad Física de Pemex.


El material localizado, junto con el inmueble asegurado, quedó a disposición del Ministerio Público Federal, instancia que continuará con las investigaciones para determinar las responsabilidades correspondientes por los hechos.Versión story IG


Autoridades federales aseguraron 2 mil 210 litros de gas LP, un inmueble y equipo utilizado para su almacenamiento y despacho durante un cateo en la colonia Valente Díaz, en Veracruz. La diligencia se realizó ante la posible comisión de un delito en materia de hidrocarburos y el material quedó a disposición del Ministerio Público Federal, que continuará con las investigaciones.

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