Denuncian relleno ilegal de escombro en arroyo de Santiago

Un nuevo foco de preocupación ambiental se encendió en el municipio de Santiago, donde habitantes de la comunidad El Barro alertan sobre un tiradero clandestino de escombro que estaría afectando gravemente un arroyo considerado parte de una reserva natural cercana a la zona metropolitana. El sitio afectado es el arroyo El Barro, también conocido como “Ojo de Agua de Los Muleros”, un afluente que actualmente presenta acumulaciones de concreto, tierra y residuos de piedra laja que superan los tres metros de altura.
De acuerdo con los vecinos, esta problemática no es reciente y aseguran que desde hace varios meses se ha informado a la administración municipal sin que hasta el momento se hayan tomado acciones contundentes para frenar el daño ambiental. Señalan que el impacto comenzó en las riberas y taludes del arroyo, pero con el paso del tiempo el relleno ilegal avanzó hasta el propio cauce, alterando de manera directa el flujo natural del agua y el ecosistema de la zona.
Los habitantes del sector sospechan que el origen del escombro estaría relacionado con la construcción de dos fraccionamientos residenciales de alto nivel ubicados a corta distancia del arroyo. A unos 300 metros del punto afectado, la inmobiliaria GP Residencial, propiedad del Grupo Garza Ponce, desarrolla los complejos privados Montano y Quivira, cuya actividad coincide temporalmente con la aparición del tiradero clandestino.
Incluso, señalan que el área donde se localiza el relleno ilegal forma parte del trayecto utilizado por los camiones de carga que ingresan y salen de las obras. Durante un recorrido realizado por El Horizonte, se pudo constatar que, como parte de los trabajos de desmonte, se extraen grandes volúmenes de piedra laja, material que coincide con los residuos que actualmente contaminan el cauce del arroyo.
Mientras tanto, la promoción de los desarrollos contrasta con la preocupación de los habitantes, pues en la publicidad del proyecto se destaca que: “Rodeado de los hermosos paisajes y jardines de la sierra de Santiago, cada hogar resalta por su arquitectura y espacios acogedores”. Para los vecinos, esta situación refleja una contradicción entre el discurso comercial y el impacto ambiental que aseguran estar viviendo día a día.
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